Un toque único y diferente




El piercing daith es ideal si buscas un accesorio que atraiga todas las miradas. Al estar situado en la parte más interna de la oreja, se convierte en un detalle inesperado y muy estético. Puedes llevarlo con un aro pequeño y sencillo, con piezas de titanio minimalistas o con diseños decorativos llenos de brillo y color.
Esta perforación es muy versátil porque funciona bien tanto en looks discretos como en combinaciones llamativas. Muchos lo combinan con un Hélix , generando un contraste elegante entre la parte superior del cartílago y la zona interna de la oreja.
El piercing daith oreja puede adaptarse a cualquier personalidad. Si prefieres un estilo sobrio, puedes optar por un pendiente pequeño en tonos metálicos. Si lo que buscas es destacar, los aros con piedras o diseños decorativos transforman la oreja en un auténtico punto de atención.
Lo mejor es que se integra de forma natural con otras perforaciones. Una de las combinaciones más equilibradas es llevarlo junto a uno tipo de conch, ya que ambos se encuentran en zonas interiores del cartílago y logran un efecto muy armónico.
También puede complementarse con un estilo rook, ubicado en el pliegue interno superior, para añadir profundidad al diseño, o con uno industrial, que aporta un contraste visual moderno entre la zona interior y la parte superior de la oreja.
Los daith piercings son la pieza perfecta para dar personalidad a tu oreja. Funcionan como protagonistas cuando se llevan solos, pero también son la clave para composiciones más elaboradas. Un aro sencillo en el daith puede realzarse aún más con studs o pendientes en otras zonas.
Entre las combinaciones más populares se encuentra mezclarlo con uno tipo tragus. Ambos se sitúan en la parte interna de la oreja, lo que genera un diseño moderno y original. Otra opción muy común es combinarlo con uno para el lóbulo, ya que este aporta una base sencilla y versátil que equilibra la fuerza visual del daith.
El dolor es moderado porque atraviesa cartílago interno, pero suele ser soportable con un profesional experimentado.
Suele cicatrizar entre 4 y 9 meses, dependiendo de los cuidados y el material utilizado.
Los aros pequeños de titanio o acero quirúrgico son los más recomendados por comodidad y seguridad.
Sí, suelen integrarse muy bien con conch, tragus o lóbulos para crear un look personalizado.