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Marca tu estilo con seguridad y personalidad
Las barras curvas son una opción versátil y ergonómica, perfecta para quienes buscan un piercing discreto, cómodo y con un diseño que se adapta a la forma del cuerpo. Su curvatura suave reduce la presión en la zona perforada, lo que las convierte en una excelente elección para lugares como la ceja, rook, navel (ombligo) o zonas íntimas.
En Onai, nuestras barras curvas están elaboradas con materiales de alta calidad como el titanio o el acero quirúrgico, pensadas tanto para pieles sensibles como para perforaciones nuevas o ya cicatrizadas. Disponibles en diseños minimalistas, con bolas, cristales o detalles decorativos, cada pieza está diseñada para combinar funcionalidad, estilo y seguridad en cada uso.
En Onai entendemos que una barra curva no es solo una joya, sino una forma de mostrar tu esencia con naturalidad y estilo. Por eso diseñamos cada pieza con dedicación, eligiendo materiales seguros y formas que reflejan tu personalidad con equilibrio y autenticidad. Ya sea con diseños sutiles o más llamativos, nuestras barras curvas están pensadas para quienes desean expresarse con elegancia, confianza y un toque propio en cada detalle
Los piercings curvos, también conocidos como barras curvas o banana bars, están diseñados para adaptarse de forma ergonómica a zonas del cuerpo donde una joya recta o completamente circular no sería cómoda ni estética. Su curvatura suave permite que se ajusten mejor a la anatomía, reduciendo la tensión en la perforación y favoreciendo una cicatrización más cómoda.
¿Dónde se utilizan?
Las barras curvas son especialmente utilizadas en perforaciones como:
– Ceja
– Rook
– Navel (ombligo)
– Zona íntima
– Algunas variantes de piercing en oreja interna o facial
Además de su función anatómica, los piercings curvos tienen un valor estético: al ser más discretos que un aro y más naturales que una barra recta, aportan un equilibrio perfecto entre diseño y comodidad. También se pueden encontrar con extremos intercambiables decorados con cristales, bolas o formas especiales, permitiendo personalizar tu estilo sin sacrificar funcionalidad.
En los días posteriores a hacerte un piercing, es habitual notar cierta molestia, algo de rojez o una ligera inflamación. Estas reacciones forman parte del proceso natural de curación. Sin embargo, si en lugar de mejorar los síntomas empeoran o aparecen signos más marcados, es fundamental prestar atención.
Algunos indicios de posible infección pueden ser:
– Dolor constante que no disminuye o que se intensifica con el paso del tiempo.
– Rojez persistente que se extiende más allá de la zona perforada.
– Inflamación excesiva o sensación de rigidez en el área.
– Supuración de líquido espeso, amarillento o verdoso, con un olor fuerte o desagradable, diferente al fluido claro típico de la curación.
– Calor anormal en la zona del piercing.
– Fiebre o malestar general, especialmente si se presenta junto a alguno de los síntomas anteriores.
Ante cualquier sospecha, lo mejor es consultar con un especialista para evitar complicaciones.